Archivo de 25/02/2010
Zapatillas
13
Buenas
Esta mañana cuando me he levantado me he encontrado a los pies de la cama unas zapatillas nuevas. De esas para andar por casa. No especialmente cómodas, ni de diseño, pero relucientes.
Verán ustedes hay gente que se plantea el futuro y las metas de su vida a largo plazo, a años vista. Otros en cambio viven el día a día. Yo me lo planteo cada 15 días y un miércoles a la semana que es cuando mi hija está conmigo. Ya les digo que con esas miras ni que decir tiene que uno no busca la fama en la red, ni tener miles de followers, ni cientos de Rts cada vez que tiene gases, porque como les cuento a mi realmente me fascinan la mitad de los fines de semana del año y los días que hay en medio. Vamos, que me considero una persona de lo más normal, con algo de más mala suerte que la media y con una enorme fortuna en cuanta al resultado de dejar seña de su paso por el mundo, y además en forma femenina, de futuro. Mi hija no es una nativa digital al uso, aclaro. De esas que pretenden algunos que sean, que saben apretar botones y consumir lo que le ofrezca una multinacional porque sí. Es una persona, o personilla, de su tiempo, y yo no pretendo que conozca en profundidad los desvaríos de la red, sino que la use como la herramienta tan poderosa que es para observar el mundo real, y sacar sus propias conclusiones, y no las que la den prefabricadas. Vamos, que sepa que la realidad suele estar detrás de lo que uno ve en la pantalla, y no lo que la ofrece esta en primer plano.
Perdón, les hablaba de mis zapatillas. Bien, el caso es que les quiero comunicar que hoy he visto muchos debates y comentarios sobre la influencia, si esta se medía en el número de seguidores de Twitter, de enlaces en un blog, o recortes de prensa de uno mismo colgados al lado donde soltamos en realidad lo que somos en la intimidad, y que nos permiten labores higiénicas básicas, vulgo limpiarnos el culo.
A mí no me interesan. No les cambio a ustedes, ni a los gurús, ni a nadie, sus métricas en forma de colecciones de cromos soñando con estar en la t4 y asintiendo sus desvaríos y los ecos que producen, ni miles de hiperenlaces al ombligo de uno, por mis zapatillas azules de andar por casa.
Más que nada porque es el regalo que mi hija me ha hecho por mis 44 años en este mundo sin vender el palo de una escoba, y el lazo era la sonrisa más inmensa y preciosa que yo recuerde.
Y quería compartirlo, porque coño, no se ustedes, pero yo cuando me siento delante de una pantalla fumando un cigarro es para eso, para compartir. Yo lo ofrezco, y ustedes hagan con ello lo que les de la real gana. Así que lo dicho, me encantan mis zapatillas, que lo sepan.
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