Archivo de 12/03/2010

La vida es como ir a comer a casa de los suegros

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La vida es como ir a comer a casa de los suegros.

Si a uno le ponen un plato que le gusta siempre se avergüenza de pedir más, y se queda sin repetir. Si  uno aborrece la comida, siempre calla, y se la come sin rechistar esperando que no le ofrezcan otra ración, porque sabe que también le tocará comérsela.

Consentimos

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Consentimos. No nos engañemos. Consentimos.

Consentimos que los defensores de la libertad sean los que  nos digan que descarguemos lo que queramos porque en Internet es gratis. Que es nuestro derecho, que debemos hacerlo. Los aupamos y los vitoreamos porque descargar un disco, o una peli, o un juego o lo que nos de la gana es nuestro derecho como privilegiados nativos digitales. Nos dicen que somos una generación de ganadores, que tenemos el mundo a nuestros pies, y que con nuestros blogs y nuestra participación en la red estamos construyendo el futuro. Que todo el mundo tiene las mismas oportunidades en esta era, que si escribes cualquier cosa te leerán, que eres poderoso, que las empresas tiemblan y los gobiernos se doblegan. Igual hasta se montan un chiringuito donde especular juntando tantos y tantos escritos de denuncia, ilusiones y gilipolleces que escribimos para desahogarnos. E igual nos tendrán un tiempo entretenidos votándonos unos a otros, o unos contra otros, haciéndonos creer importantes, y que decidimos algo realmente valioso, mientras en la televisión nos muestran la dosis diaria de lo que debemos creer, comentar y escribir al día siguiente. Y vuelta a empezar. No dirán nada de todos los demás derechos que tienes,  y que día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto, son pisoteados.

Esos, dan lo mismo.

Consentimos que nos enseñen mil cacharros súper-caros, y consentimos en que creamos que seremos el mejor de los tipos que todas las mañanas van en transporte público hacinados simplemente por poseerlo, o menospreciar al de al lado que consiguió el que era mejor hace un mes, gracias a que ellos están ahí para enseñarnos y educarnos, y permitirnos recitar de carrerilla la lista completa de funcionalidades. Eso da lo mismo, aunque luego hagan burla del mismo tipo porque no sabe que “haver”, es “a ver”. Nos educan en lo que importa. Bluetooth, mp3, Hdspa. No en ortografía, porque ya se sabe que los jóvenes de ahora no tienen remedio. Son descuidados e incultos. Menos los que nos leen, y saben esa letanía de memoria. Esos son privilegiados. No importa educar, importa vender. No importa resolver problemas, importa crear necesidades a las que puedas acceder gastando unos cuantos euros. No importa si es justo o no, importa que compres.

Ahora consentimos en que comercien con nosotros y nuestros amigos. Con los que les contamos. Con las fotos de nuestras borracheras y nuestras fiestas. Con lo que nos gusta, con lo que leemos, con lo que vemos, con lo que oímos. Con quien vamos y con quien venimos. Con lo más íntimo y que debería ser para los más cercanos, y nosotros regalamos hasta el abuso. Y no nos importa. Consentimos.

Los mismos que miran con recelo botellones, conciertos y parques por las noches, nos saludan en las redes sociales, o en los comentarios de sus blogs donde escondemos nuestras pintas con rimbombante Nicks. Nunca los has visto en ellos, ni los verás, pero te mandan saludos si dices lo que tienes que decir, y hasta si tienes suerte te citaran como referencia para su próxima entrada sobre el infinito campo de oportunidades en Internet. Ellos, que te mirarían de reojo en cualquier entrevista de trabajo y te despedirían con un “ya te llamaremos”, te dan las gracias por aportar valor a sus blogs. Incluso te invitaran a unos cuantos eventos y charlas para que les oigas.

Ya se sabe, perteneces a la red. Eres como ellos. Tienes que sentirte como ellos. Hacer lo que ellos. Ser uno más. Un internauta

Porque si no fuera así quizás te darías cuenta de lo diferente que eres, del gran valor que tienes como individuo, y les darías algo en que pensar, y algo de lo que preocuparse. Y quizás así temblarán las empresas y se doblegarán los gobiernos. Quizás así  temblará el sistema.

Quizás. Si no consintiéramos tanto como consentimos.

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