Archivo de 21/03/2010

Huellas

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Siempre pensé que en esta vida estamos aquí para algo. Dejar huella de alguna forma. Haciendo el trabajo bien. Siendo buen padre. Siendo buen marido. Siendo un buen tipo. Ese tipo de cosas. Hace tiempo que se que no es así, que muchos estamos de paseo por la vida. Bastante tiempo. De hecho demasiado tiempo. Sé que en lo que creía es bueno, ético y  correcto. Pero no es cierto. Y sé que así son las cosas.

Si un día uno se duerme y se muere, al menos pasaran un buen  montón de horas hasta que alguien se dé cuenta de que ha ocurrido. Y sin ser tan trágico, si uno lo pasa bien o mal tampoco pasa nada. Incluso a quienes creías que les importaba, o a quienes crees que les importa. No pasa nada. Hayas sido lo que hayas sido, o seas lo que seas. No somos tan importantes.

Un día dejaré de escribir y el mundo seguirá su camino. Sin uno, pero seguirá. Sin resentimiento lo digo. No me asusta. No me produce ira. No es un reproche. Pero al menos ahora se cual es la verdad.

Es por esto que si él sigue su camino cada día, yo intento seguir el mío. Sin molestarnos. Porque en realidad esto de bloguear consiste seguramente en dejar constancia de nuestro paso. Como era dejar una marca en la pared de una cueva, o un árbol. Apilar grandes piedras, o rascar una frase en una pared. Estuvimos allí, y fue en ese momento. Poco más.

Quizás por eso uno escribe. O quizás no. Eso creo

Llevando a la práctica lo aprendido estos días en la red

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Buenas

Está mañana me he ido de excursión. He llenado una mochila con unas cuantas cosas y me he presentado en una escuela de negocios de los mejorcito de Madrid. He entrado dando los buenos días,  en un aula, y me he sentado en la última fila. Como la clase ya había comenzado me han preguntado qué hacía allí. Les he dicho que asistir a la clase, que me han dicho que eran de las mejores de Europa, que me serviría para adquirir un gran conocimiento, y que igual mejoraba mi posición profesional. Aunque le he aclarado al señor profesor que para nada ese era mi objetivo.

He abierto mi mochila y he sacado una cámara de vídeo, y una grabadora. El hombre me ha mirado más extrañado todavía. Le he dicho que no se preocupara, que siguiera. Le he comentado que iba a grabar su clase y su charla. Que la subiría a Internet, y que la iba a compartir con mis amigos. Gratuitamente. Igual con suerte alguna Web de enlaces le interesaba y lo enlazaban. Así mucha gente podría beneficiarse de todo esto.

El tipo se ha enfadado. Me ha dicho que para asistir a sus clases tengo que pagar 35 mil Euros. ¿Cómo? ¿Pues no es la cultura libre y los contenidos, y todo?, le he dicho yo. El me ha dicho que no, que es que es su trabajo, que es su negocio, que vive de ello (muy bien por cierto a juzgar por cómo iba vestido y el pedazo móvil que usaba). Se ha puesto la mano en el mentón y me ha comentado que ellos dan facilidades, que puedes pedir un préstamo a un banco, que puedes pagar a plazos, mil cosas.

Entonces le he dicho que si se creía que era tonto. He sacado mi router de la mochila y le he dicho que se informara. Que su modelo de negocio estaba obsoleto. Que eso que pretendía era perpetuar algo que estaba muerto. Que la red tal y cual. Que Sinde tal y cual. Que las descargas tal y cual. Que soy un internauta. Que no quiero lucrarme, ni nada. Que era para compartir. Que con su actitud estaba poniendo en peligro futuros puestos de trabajo, al negarles su sabiduría. Y sobre todo que yo no le robaba. Que su conocimiento quedaría intacto aunque yo lo grabara y lo compartiera sin ánimo de lucro. Es más, que si le parecía una tomadura de pelo, que en vez de dar su magistral clase en ese tono, lo hiciera cantando, que así la cosa sería mejor.

Han llamado a uno de seguridad que era como un armario ropero y me ha echado. Y sin juez ni nada, oiga. Directamente.

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