Este año, como unos cuantos hacia atrás, lo empezaré sin mi hija. Sí, pertenezco al colectivo que aprendió a la fuerza el significado de la frase “Ya no te quiero”, y después de algún tiempo aprendió a vivir con ello. La vida es así, supongo, acostumbrarse a aceptarla. Pago religiosamente, intento mantener un trato educado con mi ex, no más y no menos, ver a mi hija todo lo que puedo e incluso si tengo oportunidad cuando no me “toca”, etc. En fin, no les quiero aburrir con una historia sobre el día que uno tuerce una esquina y se le tuerce la vida.

Lo que quería pedirles es que estuvieran ustedes atentos a su mesa de cena de Nochevieja, a su fiesta de fin de año, a este día. Verán, la gente de la red, internautas nos llaman cuando les interesa, creo que tenemos el sentido de la necesidad y el de la detección de lo importante un poco averiado. Me explico. Seguro que en una noche entre esta muchos de ustedes correrán en los últimos minutos del año, o en los primeros, a sus gadgets de última generación, o al PC, o a su terminal móvil, o a Twitter, o a Facebook, o a sus blogs, a enviar buenos deseos, o contestar los de lo demás. No digo que no sea importante. Quizás muchos de esos mensajes sean de buenos amigos, de los de siempre, de las cañas y tapas, del curro ese que pasamos tantas horas que parece nuestra casa, o vaya usted a saber. Pero seguramente muchos de ellos también correspondan o se envíen a gente que no conocemos más que a través de un cable, una pantalla y un teclado. Y nuestra afinidad con ellos sea tanta o más que con las personas que tenemos en frente de la mesa, cruzando la vista sobre el besugo o el cordero en el mejor de los casos.

Yo no les diré a ustedes que viven en una mentira, después de todo creer en las cosas más extrañas lleva unos miles de años ayudando a los humanos a levantarse por la mañana, a sobrellevar las barbaridades y atrocidades que cometemos con nuestros semejantes, o simplemente preparándonos para el día que dejemos de existir. Pero sí déjenme que les diga que a mí no me importaría cambiar todo eso que sin duda es tan bueno y ofrece la red, por ver unos minutos a mi hija sentada en su silla, sonriéndome y dándome un beso para felicitar a su padre por sobrevivir un año más y empezar de la mano uno nuevo. Sin dudarlo.

No obstante nadie es igual a nadie, y seguramente muchos de ustedes me dirían que no tengo razón, que la gente de la red son amistades tan buenas, enriquecedoras y validas como las del mundo offline. Y a mí me parecerá bien que lo digan.

Pero miren por favor las sillas y quienes tienen ustedes sentados en frente en este día. Y piensen que por las cosas que pasan en esta vida loca igual mañana no están. Si pueden bésenlos, huélanles el pelo, denles una caricia, díganles que los quieren. Les llevará menos tiempo que enviar un SMS, o si hay algún joven que me lea, que lo dudo, conectarse a Tuenti para escribir cualquier cosa.

Luego hagan ustedes lo que quieran. Como siempre. Feliz año, conocidos y desconocidos.

Feliz año sobretodo a ti, hija.

 

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