La vida es como ir a comer a casa de los suegros.

Si a uno le ponen un plato que le gusta siempre se avergüenza de pedir más, y se queda sin repetir. Si  uno aborrece la comida, siempre calla, y se la come sin rechistar esperando que no le ofrezcan otra ración, porque sabe que también le tocará comérsela.