Marcial y el Walkman


 

Mi abuelo Marcial, en realidad se llamaba Marcelino, como yo, vivía en Asturias. En una aldea llamada Andés, cerca de Navia, en la costa occidental. Un sitio increíble. Verde y Azul. Como solo Asturias puede ser. Mi abuelo se pasó la vida trabajando muy duro. Limpiaba el monte de helechos, afilaba aperos, cosas así . Y afilaba las hojas de las guadañas que se empleaban en ese trabajo. Mi abuelo era muy hábil, aunque no sabía apenas leer y escribir. Muchas veces tenía que recorrer distancias de más de 20 kilómetros para hacer su trabajo, y luego volver a su casa.

En esos tiempos reinaba la radio, y las televisiones brillaban por su ausencia, así como el agua corriente. No hablo de hace siglos. Hablo de apenas 30 años. Ya se que les sonará a chino, o no tanto, pero España era así como quien dice hace unos días.

Eso hacia mi abuelo, trabajar. Pero mi abuelo era un tipo curioso, y muy inteligente. Extremadamente sociable y muy buena persona.

Hace muchos años, recién salidos del horno, me compré un walkman. Lo lleve de vacaciones y muchas veces me sentaba con mi abuelo a echar un pitillo en un banco que teníamos en frente de la casa, en medio de un prado. Mi abuelo ese verano estaba raro. Me miraba, y movía la cabeza de un lado a otro cuando me ponía los cascos de aquel walkman. Esa tarde le pregunté porque lo hacía. "¡Ay, Neno!, ¡no sé porque andas con esa cosa todo el día, si no funciona esa radio!". Esa fue su respuesta.

Yo no me reí. Me quité los cascos, y se los ajusté en sus oídos. La cara que puso de asombro, y la sonrisa que nos iluminó es de los recuerdos que aun tengo de él muy grabado. Algunas veces me pidió el walkman para escuchar algo, y siempre se reía.

Esta historia que algunos les parecerá aburrida  y absurda, a mi me dice mucho sobre aspectos que conforman la actitud de uno frente a cosas como la brecha digital, la comunicación, el respeto, el conocimiento y de qué va esto de los blogs.

Supongo que a él le hubiera encantado saber que a veces pasar muchas horas delante de una pantalla moviendo los dedos sirve para algo más que para hacer negocios. Y a mi, mostrárselo.

Lo demás me sigue importando poco. Quizás dentro de unos pocos años seremos nosotros los asombrados, y recordemos esto de los blogs y la web tal como la conocemos como algo absolutamente anticuado. Y quizás en ese momento sepamos que el valor de las herramientas no está en tenerlas, sino en lo que pudimos hacer con ellas y no hicimos, y en lo que conseguimos hacer.

Saludos

 

Perdonen si les ha aburrido, pero uno necesita coger aire

  1. #1 por Kir el 6/Feb/2010

    ¡Qué historia más bonita! ^^ Me hace mucha gracia lo del “Ay, neno” , y de aburrimiento y “absurdez” nada. ^^ Con gente asi, la brecha digital saltase con más diligencia. :)

  2. #2 por Nia el 6/Feb/2010

    Qué bonito. Gracias por contarlo.

  3. #3 por Anna el 7/Feb/2010

    Yo espero no perder nunca esa capacidad “de maravillarse” de la que hizo gala tu abuelo. Damos tan poco valor a lo que conseguimos: comunicarnos a distancias enormes de manera instantánea, transplantar un órgano y salvar una vida, volar más allá del sistema solar… Ahora todo es rutinario y únicamente exigimos más, más rápido, más barato.
    Saber que es posible nos distrae de los logros que supone.

  4. #4 por mmadrigal el 7/Feb/2010

    :D

  5. #5 por rampy el 7/Feb/2010

    Y es que en apenas 30 años ha cambiado todo , como si le hubieran dado la vuelta al calcetín.
    Una historia muy tierna, gracias por compartirla.
    Un abrazo.

  6. #6 por Nynaeve el 7/Feb/2010

    A mi siempre me encantó maravillar a mi abuela. Es una de las caras que más tengo en mi memoria y que recuerdo como un tesoro.

    Esa cara de pillina cuando le mostrabas algo que para ella era cómo “magia”.

    Y sinceramente sí espero que eso me pase a mi misma…

  7. #7 por CGT2009 el 8/Feb/2010

    Todos necesitamos coger aire de vez en cuando, hasta los mas duros!! Gracias por compartir este pellizquito con nosotros!

(No será publicado)