Nacionalismos
Ahora que todo el mundo está en el debate de la globalización y/o los nacionalismos digo yo que es una forma de entretenimiento muy parecida a los debates a los que nos tienen acostumbrados en la televisión, léase reality shows. Muchos gritos, muchos insultos pero ni Dios se entera de nada. Los nacionalismos no existen. Eso es un invento de los políticos para seguir viviendo del cuento. En realidad existe algo mucho más básico.
Verán, yo soy vallekano, con K, aunque siempre añore Asturias. Pero a decir verdad mi filiación exacta no es ser vallekano, no. Ni siquiera madrileño. Ni español. Eso es para el fútbol, y para alguien que vive en Vallekas y de mi edad no significa nada. O al menos no lo significaba. En mi DNI debería poner nacionalidad: La calle de abajo (Colonia de la Piedad).
En realidad para nosotros en esa edad infantil el tema estaba claro. Existía la colonia de la Piedad (una calle construida en la época franquista que extrañamente se ha revalorizado como todo las de Madrid arrastrado por el efecto Monopoly). Y claro la Piedad estaba habitada por 2 razas, los de arriba y los de abajo. Los de arriba cuyo delito mayor era vivir a partir del portal 20 eran por supuesto unos felones y bellacos. Los de abajo, del 20 al 30, estaban dotados por el mero hecho de habitar en esos metros de todas las mejores cualidades que ser humano pudiera tener. Yo era de los de abajo.
Esas cualidades eran por supuesto tener balón de reglamento más bonito de esos que no se ahuevan a pesar de darles con la puntera, ser capaces de partir peones de un solo golpe, golpear las chapas con más efecto, conseguir los más extraordinarios efectos con las canicas y el principal de todos…… eran capaces de montar las "cabañas" más grandes y hermosas a base de terruños arcillosos cual trincheras de primera guerra mundial.
Joyas arquitectónicas donde las hubiera, palacios barrocos en honor a la arquitectura chabolil, vamos la envidia del mundo moderno. Y sobre todo la envidia de los de la calle de arriba, para su perdición por supuesto. Porque cuando más ocupados estaban ellos, los de arriba, en demoler aquellas fortalezas llegaban los de abajo.
Normalmente, a diferencia de ahora, no había debate. Simplemente se les saludaba y felicitaba su empeño con una lluvia de peñascos que acababan invariablemente en algún herido de 5 o 6 puntos que le permitía al susodicho contar actualmente alguna aventurita de esas que solo se cuentan en los bares.
Yo tengo una herida de esas en la cabeza pero curiosamente no me la hizo ninguno de los de la calle de arriba, si no el que siempre se escondía detrás nuestro para que no le dieran, y me la abrió oculto detrás de sus amigos.
Ahora es un alto funcionario en un ministerio. Se veía venir
Se veía venir porque se escondía cuando había problemas o por “colártela” por la espalda.
Un saludo