Mi hija, de pequeña, quería ser bióloga o veterinaria.

Tal como están las cosas no se si decirle la verdad. Uno pertenece a la generación en la que los padres soñaban que sus hijos fueran funcionarios. La seguridad, la estabilidad, esas cosas que se decían hace unos pocos años. Ahora, hoy, yo no sé que explicar a mi hija. Así están las cosas. No sé si decirle que se tendrá que hacer cargo de mí, porque a pesar de trabajar lo que trabajo y cotizar para las pensiones de los que lo hicieron antes que yo, no tengo claro que pueda valerme. De hecho ya mis padres, que se esforzaron para sacar a 5 hijos adelante, darles una educación y un futuro, esa que hoy recortan y presentan casi como un lujo, tampoco se pueden valer por sí mismos. Hoy, insisto.

No sé si decirle que me tendrá que echar una mano a cuando caiga enfermo, porque no se si se cubrirán los medicamentos. No sé si decirle que la casa en la que vive la tendrá un banco, o la habitará ella. No sé si decirle que nos cuentan que hace unas semanas vivíamos por encima de nuestras posibilidades, cuando todo nuestro esfuerzo, y es mucho, consiste en llegar a fin de mes. No sé cómo explicarle que tenemos cientos de millones de deudas, y sin embargo su padre no le debe nada a nadie. Pagó religiosamente por todo lo que ahora llaman inviable, aunque nadie se lo advirtió. Pagó como muchos. Cómo los que tuvimos la suerte de poder hacerlo, por tener trabajo, sin quejarse. Como todos

No sé si decirle que todo en lo que creía y quería para ella parece diluirse porque unos malnacidos, que siguen viviendo como antes de que ocurriera todo esto, no tenían bastante con cubrir de avaricia el mundo y le quisieron dar dos vueltas más al planeta. Me gustaría que la única deuda que tuviera mi hija la pagara con un beso de gratitud por todo lo que hicimos, y no con una mirada de tristeza, o de desprecio que entendería, por consentir y no hacer lo que debíamos.

Espero que algún día encuentre las palabras y se lo pueda explicar. Mientras intentaré pelear para que cuanto antes no llegue nunca ese momento, porque las cosas cambiaron.

Pero por supuesto, si debo hacerlo, empezaré con un: “Perdona”