Buenas

Quería hacer una entrada emocionante sobre lo que significa bloguear. De esas que le marquen a uno. Pero no sé cómo. El intentar contar que uno escribe un blog por que le duelen  las cosas, se ha transformado en algo casi rutinario. Así pues lo que iba a escribir sobre los desamores, las lejanías, y los reflejos en el agua lo he tirado. No me vale. Me sonaba a blog de adolescente. Pensé escribir sobre la desigualdad, los mil-euristas, la crisis, el paro, 4 millones, corruptos, los bancos. Más de lo mismo, me dije, y pasé del tema.

Luego quise hablar de alguna chica. Eso siempre gusta. Lo de la piel contra la piel, los besos, el ser amable y fiel. Pero tampoco he encontrado a nadie que aun recibiendo eso, al cabo de unos meses lo merezca. No. Definitivamente no era el tema adecuado.

¿Sobre la guerra de Irak, terremotos, catástrofes, narcotráfico, los palestinos, los cayucos?. No. Para eso están los informativos, y puestos a leer algo sobre eso prefiero a Poe. Mejor tampoco.

Los gadgets tampoco me interesan demasiado, porque siempre pensé que las cosas no cobraban animación por si solas, y hacían el trabajo de uno. Vamos, que era más importante saber usarlas, que tenerlas. Un último modelo de algo puede ser vistoso, pero siempre vendrá otro detrás, y uno nunca tendrá bastante. Así que de gadgets tampoco.

¿Creadores, SGAE, descargas, manifiestos, cultura, ministros  y ministras? Si juntáramos todas las cosas escritas sobre esto tendríamos la enciclopedia Británica. Y si elimináramos las cosas repetidas que se han dicho sobre ello igual una cartilla del 2, de esas de aprender a escribir. Tampoco.

Luego me encontré moviendo los dedos sobre un teclado,  intentando escribir para distraerme y pensar en algo que fuera realmente importante. Algo que me permitiera decir a quien me lee que tengo cosas que ofrecer, que me siento humano, que me interesa el mundo que me rodea, que me gustan los pimientos, que a veces me siento eufórico, a veces solo, y pocas, pero por eso más queridas, contento y pleno. Por lo que veo es imposible. Soy uno más en Internet. Un contacto de esos de Messenger. Un blog. Una puta mierda, por lo que se ve.

Pero no importa que no le emocione a nadie, ni le interese lo que cuente. Yo sé que es verdad, que lo siento así, que creo en lo que digo, que me gusta la puta vida, y oler el pelo de mi hija. Fijarme en algún culo. Las buenas noticias. La cerveza bien fría. Reír y bromear sobre lo que los demás solo susurran. Que me acuerdo de Asturias, de los prados. Que sueño con mis abuelos, y me despierto sonriendo. Que solo pongo interés en lo que hago. Que me dan por culo los tops, los gurús, los mass media y los videos que hacen los partidos políticos para vendernos motos. Que tengo rollo y cuerda para rato.

Otras me enfado. Mucho. Y me da por arrojar guijarros a gigantes que pisan críos. Meterme con charlatanes que exhiben brebajes y elixires que si uno los toma se vuelve invencible, o con tipos que van poniendo mantas en cualquier despacho vendiendo hasta a su madre si pudieran. Pero no me hagan caso, o sí. En fin, nunca tuve  buen carácter dependiendo sobre  que cosas.

Y muchas veces sonrió, o me preocupo por mi mala ortografía. Pero pienso que quizás alguno de los que lo visitan piensa como yo. Y haga lo mismo en su blog. Escribir, llorar, reír, fardar, ligar, enamorar, lamentarse, y mil cosas más. Lo que quiera. Porque ese blog, ese espacio es su trocito de libertad en Internet. Su reino. Su posibilidad.

Me gusta escribir un blog, porque así recuerdo. Sé que días estuve mucho peor, y días que estuve mucho mejor. Que la vida tiene eso. Malas y buenas cosas. Y que en realidad uno bloguea porque refleja en ello lo que le sale de dentro. Lo que no le dejan decir. Lo que no puede contar. O en cambio farolea, fanfarronea, se tira el moco. O simplemente como en mi caso, intenta ser sincero. Tan sincero como lo es en la vida.

Y la gente eso lo ve raro. Tan normal, como raro. Pasa de largo buscando blogs con purpurina, vídeos, Web 2.0, señores encorbatados que hablen mucho, aunque no se les entienda, grandes negocios por venir, que nos hacen sentirnos empresarios como si nos fuera a tocar la lotería. U opinar sobre temas de actualidad, como si realmente importara lo que dijéramos, aunque luego seamos incapaces de abrir la boca para dar los buenos días al vecino de casa, y preguntarle cómo va la vida.

A mi me gustaría que un blog fuera verdad. Tu verdad. Tu forma de ver las cosas. Tu opinión. Tu voz. Y me gustaría que lo fuera porque hay tan poca en este puto mundo, que mejor que no niegues la tuya propia. Si pocos la leen, o pocos la oyen, dará lo mismo. Después de todo, ¿Quién se para a oír a nadie hoy en día?. Ya sabes, que aquí al menos, puedes hablar.

Mientras, agradezco tu visita. Y sean muchas o pocas, me da lo mismo. Lo agradezco igual. Quería decirlo. Pero es que no me sale una entrada emocionante. Perdona si te he aburrido.

Pero un blog hasta puede ser eso. Aburrido.