Entradas etiquetadas con Descargas

Amo la música, y odio la bollería industrial

 

 

Mi bisabuela era una señora enorme, sentada en una silla, en medio de un prado. De armas tomar, con voz, voto y mando. Como todas las señoras celtas que son las reinas en sus casas en Asturias. Sepan ustedes que la vida en cualquier hogar rural astur, y en muchas de las poblaciones urbanizadas, giran en torno a la cocina de la casa. Ese es el corazón de la casa, y los latidos y razón de ser, sus amas.

El caso es que ella era muy peculiar. Se casó dos veces, con dos ciegos que eran músicos. El primero tocaba el violín, y el segundo la zanfoña. Al primero lo mató un rayo cuando iba por uno de esos caminos asturianos en busca de la siguiente gira (así se llaman las fiestas en Asturias). Algunos aseguran que la culpa la tuvo el violín que atrajo el chispazo. Por eso se casó dos veces.

Mi abuelo me contaba como cuando él era un chaval acompañaba a su padre por Asturias de pueblo en pueblo y de feria en feria. Los caminos eran senderos, no había autopistas por supuesto. No había alumbrados, ni farolas. Apenas teléfonos, y por supuesto Internet no existía. Eran los tiempos en que la música era cultura, entretenimiento y una manera de ganarse la vida. Mi bisabuelo era músico. Cómo les digo tocaba el violín en las aldeas y mi abuelo pasaba la gorra. Apenas ganaban unas monedas para subsistir, y enseguida estaban en el camino otra vez.

Los tiempos eran muy duros. Durísimos. Pero la gente agradecía esas notas, interpretadas con más o menos arte, y aunque no les sobraba premiaba el esfuerzo de aquel hombre, y se asombraban de su virtuosismo. Arrancar notas a un instrumento musical no estaba al alcance de todos, y eso se premiaba.

Alguien pensara que a qué viene esta charla.  El que esto escribe se acuerda de aquellos tiempos, y reflexiona sobre quien tiene la culpa de que hayamos llegado a esta situación. No me gustó entrar nunca en esta pelea de SGAE, Cánones y descargas. Y no me gustó, porque a pesar de que uno cree que todo esto es una canallada, sigue siendo una canallada del primer mundo ante tanta injusticia y tanta lucha necesaria que hay en este planeta.

Internet no es el culpable de estos abusos contra gente corriente. Mucho menos las descargas, o los programas como emule o Torrent. La culpa la tenemos los que consumimos la  música que las grandes multinacionales producen como bollería industrial. Los que endiosamos a triunfitos, gente guapa como Paris Hilton, y queremos ser como ellos. Los que vemos en la televisión como va su vida de lujo y la envidiamos. Los que compramos revistas y pasamos horas hablando de sus divorcios, orgías, casamientos, novios y demás historias.

Somos nosotros, porque olvidamos lo que era la música y los músicos antes de que las multinacionales se percataran de que comíamos cualquier bazofia que nos sirvieran en forma de 2 buenas tetas, o un buen paquetillo y una cara agraciada, y nos volviéramos locos queriendo ser como ellos, y al no poder serlo dejábamos que los estrujaran consumiendo la vida de tanto ídolo de barro, porque las nuestras nunca podrán ser como las de ellos. No nos echemos las manos a la cabeza ahora. La culpa es nuestra.

Si realmente recuperáramos el espíritu del asombro que causaba en aquellos aldeanos mi bisabuelo y su violín, premiando con lo que creíamos su justo valor aquel esfuerzo, nada de esto habría pasado, porque la música seguiría teniendo el valor que siempre tuvo, y casi todo lo que nos sirven las discográficas se lo comerían con patatas. Si exigiéramos que un músico donde debe demostrar su arte y debe ser recompensando es en directo, en un escenario, sin play back, con un buen show, todo lo demás volvería a tener sentido. Si premiáramos al innovador, al original, al comprometido, en vez de cualquiera de los miles de clones de patanes a los que adoramos como los primeros, otro gallo nos cantaría.

Yo no diré nunca que nadie debería volver a comprar un disco, que lo debe descargar, como hacen otros. Yo sé muy bien que discos compro y que canciones descargo. Y solo lo hago de músicos, no de lo que ellos me quieren hacer creer que lo son. Amo la música, y odio la bollería industrial.

Y lo quería dejar escrito, como tantas cosas

Porque las descargas triunfan entre los internautas

 

Me lo bajo

Es humor, claro. Bueno, no tanto. A mi me pasa, que quieren que les diga.

Ir arriba