Cocina

por | 2 agosto, 2012

 

En la cocina la referencia a mi abuela es inevitable. Guisaba con una cocina alimentada de leña. Pino, Eucalipto. Se encendía con piñas ya abiertas. Era un laboratorio de alquimista. Guisaba como solo las abuelas de los cuentos pueden hacerlo.

Panetelas, (bizcochos), Freixolos (parecido a crepes), empanadas de manzana, de arenque, de carne, potes en los que los condimentos no bullían sino bailaban. Los olores de aquella cocina se podían untar en pan. Rapón, Pan de maíz, cordero. Peces de roca recién pescados por los nietos. Andaricas, bígaros, percebes, oricios y alguna centolla. Y cazuelas inmensas de pulpo.

Tremendo.

Tengo un hermano cocinero famoso. Un gran cocinero. Siempre hace referencia a mi abuela como maestra.

Pero sinceramente mi hermano triunfa por donde va porque es una maravilla. Pero mi abuela les daría un pescozón a el y a sus amigos, Adría, Arzak y demás.

Y yo me reiría desde la bancada de su cocina y pediría un café con gotas.

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