El primer profesor de pretecnología de un colegio público

por | 4 septiembre, 2011

 

 

Se llamaba Jesús, y eso nos dijo hace tantos años. Nos dijo que éramos afortunados puesto que era el primer colegio público de Madrid que disponía de uno. En realidad no le contestamos que también lo éramos porque habían asfaltado las calles y las habían iluminado con algo más que los tenues globos de los portales hacía unos pocos meses. Pero era entendible que él no lo supiera, porque Madrid era diferente. Todavía el churrero pasaba con su cesta los domingos, un tipo con gorra tocaba la corneta para que los vecinos sacaran la basura o se oía por las noches el bastón del sereno golpear en la acera para tranquilizar el sueño de los vecinos. Otros tiempos.

Jesús era un poco amanerado, vestía bien y siempre decía “con perdón” cuando se le escapaba una palabra un poco más alta que otra. Estaba claro que no era del barrio, esa la conclusión general. Nosotros, por supuesto, nos pusimos muy contentos. Teníamos banco, reglas, cartabones, seguetas, alicates, un paraíso. Y eso que yo no era especialmente hábil, nunca lo fui, para las manualidades. Pero cuando Jesús sacaba unos soldadores y estaño, y hacíamos aquellos remedos de torres de alta tensión, que tan bien conocíamos por verlas a pocos metros de las ventanas de nuestras casas, era alquimia pura. Nos enseñó que ante cualquier dificultad lo mejor era la paciencia y el esfuerzo. Que si no salía bien era cuestión de volverlo a intentar. Que cuando uno construye algo con las manos le sabe tan bien como el pez que pesca por sí mismo.

Ese era Jesús. Un profesor de pretecnología, un amigo, un compinche. Un tipo de fiar.

Ayer mi hija vino con un cuadernillo reluciente. Me recordaba los miles de folletos, estudios, presentaciones que me envían al trabajo sobre almacenamiento, la nube y que sabe dios. Cuando lo abrí me asombré. Se trataba de pretecnología, pero adaptada a estos tiempos. En realidad era un planning de un proyecto con su metodología asociada. Debía hacer un mini-escritorio en contrachapado, pero también debía definir lo que iba a hacer, acompañarlo de documentación, hacer un control de revisiones, y un Project en toda regla. Nuevos tiempos me dije, aunque todavía esbocé una sonrisa cuando vi que usaban contrachapado en vez de silicio, y seguetas en vez de rayos laser.

Según miraba aquello con cara de incrédulo me dijo que le dejara el ordenador.

– ¿Para qué?, la pregunté.

– Es que tengo que buscar información (era el punto 2 del reluciente cuadernillo).

– ¿Y?, la volví a decir sin entender nada.

– Pues para que va a ser Papá, para buscarla en Google

No me enfadé, pero sí que me acorde de Jesús. Senté a mi hija y la conté la historia de cuando cazábamos lagartijas, grillos, y jugábamos a los cromos. Y de Jesús y su paciencia. No la dije, es más creo que nunca me habría entendido, que Google, o la Wikipedia nunca podrán sustituir a un profesor, y que tampoco se trata de eso, y que muchas veces en la vida cuando tenga que afrontar un reto, tener un dolor de cabeza, llorar por las perradas de los novios, se olvide de Google y busque el calor y el consejo de un profesor, un amigo, o si se acuerda, de su padre.

No consigo entender que es lo que estamos haciendo con nuestros jóvenes, ni adonde queremos ir, pero hoy no me voy a preocupar. Prefiero recordar cuando un soldador de 20 duros y una barrita de estaño era más que suficiente para encontrar algo de satisfacción personal y darse cuenta de que con sus manos, paciencia y algo de ayuda de otro como él las cosas van mejor.

Saludos

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