Vino a Madrid con 16 años. A trabajar. Recuerden esta palabra. Se ocupó de sacar adelante a 6 niños que no eran suyos. Sin embargo a uno se lo mataron en un portal años después unos fachas con un par de tiros que la dolieron como si se los descerrajaran a ella misma. Pero siguió trabajando. Recuerden, ella siguió.
Se casó y tuvo 5 hijos. En un Vallekas sin asfaltar, con las calles embarradas y las tenues luces de los portales, porque no había alumbrado, y lo fácil era acabar manchado, los mantuvo limpios. De camisa, sufrimientos, peligros e ignorancia. Siempre atendidos, siempre pendiente. Con esfuerzo, sacrificio, responsabilidad y educación. Sin perder un minuto, ni faltar un sólo día a su trabajo, ni tener vacaciones. Recuerden, nunca tuvo vacaciones. Ni ahora.
Con el paso de los años algunos de nosotros, sus hijos, nos perdimos en la vida por hacer apuestas equivocadas. Ella no se quejó. Siempre allí pendiente, recogió los restos de los naufragios y las quimeras de sus hijos, e hizo lo que siempre desde el primer día : Cuidarlos, mimarlos, respetarlos. Ahora la miran y la llaman abuela. Ella sonríe. A pesar de lo que la duele.
Con la edad tanto esfuerzo la pasó factura en forma de mala suerte. Los recortes de unos malnacidos y los errores o la poca profesionalidad de alguno le costó un riñón. Literalmente. Ni un reproche hizo. Ellos, dice, también tendrán hijos que mantener y la cosa está mal, dice.
Ella está lejos de los debates de las pensiones. Algunas cobran algo que se llama compensatorio, y yo me pregunto cómo puedes compensar toda una vida. Ella no cobra ninguna, porque este país a toda esa legión de mujeres que como ellas nos sacaron adelante para quejarnos de otras cuestiones mucho “más importantes” sólo las recordamos en días como hoy, o los otros 364, cuando las necesitamos. Y ellas no nos lo recriminan.
Feliz día de la mujer trabajadora, madre.

