Siete días en la valla: cómo se gestó y se deshizo la avalancha de Ceuta

Un relato basado a partir de publicaciones y comentarios recogidos en Facebook (24 de julio – 1 de agosto de 2026)

Todo empezó, como casi siempre, con una foto de un adolescente y un número de teléfono. El 25 de julio, una página llamada حراكة المغرب haraga maroc —“la harga de Marruecos”, el nombre con el que miles de jóvenes marroquíes llaman a la emigración irregular— publicaba el aviso de un chico de Casablanca al que llamaban Yassin. Había subido a Fnideq el martes para intentar cruzar a Ceuta a nado. El miércoles alguien lo vio sentado frente al mar. Desde entonces, su teléfono está apagado.

Esa misma tarde, tres páginas distintas —una en árabe, otra en francés, otra en español— publicaban, casi al minuto, el mismo llamamiento urgente a las autoridades marítimas españolas: pedían ayuda para buscar a varios jóvenes desaparecidos en el mar entre Fnideq y Ceuta. No era spam ni casualidad: era el primer síntoma visible, coordinado y multilingüe, de algo que en menos de una semana se convertiría en una de las crisis migratorias más intensas que ha vivido la ciudad autónoma en los últimos años.

Este reportaje reconstruye esos siete días —del 24 de julio al 1 de agosto de 2026— a partir de miles de publicaciones y comentarios de Facebook: los de los grupos marroquíes que organizan y narran la “harga” hacia Ceuta y Melilla, y los de las páginas ceutíes que documentaron, en tiempo real, el colapso de su ciudad.

El goteo que precedió a la ola

Antes de que la crisis tuviera nombre y cifras oficiales, ya tenía muertos y desaparecidos. El 26 de julio, la página حراكة الناظور مليلية publicaba la desaparición de Osama Bakhkakh, nacido en 2008, sin noticias desde el 11 de julio, cuando su familia supo que planeaba cruzar a nado hacia Melilla. Al día siguiente, otra alerta: Mohamed Kafhali, 17 años, de Chefchaouen, desaparecido desde el jueves anterior tras intentar la travesía hacia Ceuta junto a un amigo.

El 27 de julio por la tarde llegó el primer titular que hablaba de muertos, no solo de desaparecidos: “el mar se traga los sueños”, decía una publicación viral compartida en al menos dos páginas, cuatro personas habían perdido la vida y decenas seguían en paradero desconocido. Al día siguiente, otra publicación describía “decenas de familias marroquíes en vela”, pendientes de cualquier noticia sobre sus hijos, mientras —decían— las redes sociales se convertían “día tras día en un espacio de duelo”.

Y en medio de ese goteo de avisos de desaparición, empezaba a fraguarse algo más organizado. El 28 de julio, en la página باب سبتة fnidak, alguien lanzaba una convocatoria con fecha: “El 15 de agosto queremos cruzar a nado hacia Ceuta, el interesado que contacte, iremos en grupo.” Era la primera señal de que, incluso antes de que estallara la crisis de finales de julio, ya se estaba gestando una siguiente oleada.

29 de julio: la ciudad declara la emergencia

El 29 de julio, Ceuta cruzó una línea. A primera hora de la tarde, una publicación en la página الفنيدق —la más activa de todo el periodo analizado, con cientos de publicaciones diarias sobre el paso fronterizo— anunciaba que la ciudad “declara oficialmente el estado de emergencia” ante una “presión sin precedentes” sobre el centro de acogida de migrantes, que había quedado hacinado.

Horas antes, otra publicación describía el momento exacto de una llegada: jóvenes que llegaban a nado al amanecer, entre ellos dos chicas y, poco después, una mujer con tres hijos. El mismo texto añadía un dato que iba a resultar decisivo en los días siguientes: “estos días la corte española dictó una sentencia que prohíbe a las autoridades devolver a los harraga que llegan a nado del mar, ya que no cruzaron ninguna franja fronteriza para poder devolverlos.” Y remataba con una frase que conviene subrayar: ese rumor, decía el propio autor, “generó un debate muy grande, y llevó a un grupo de jóvenes a decidir” cruzar. Es decir, desde el primer momento en que aparece en el dataset analizado, la supuesta sentencia no se presenta como una simple noticia de fondo: se presenta como el motivo que empuja a la gente a lanzarse al agua.

El rumor no se quedó ahí. Al día siguiente, 30 de julio, se reformuló como un titular más solemne y con más autoridad prestada: ya no era “la corte española” en abstracto, sino, textualmente, “El Tribunal Supremo español”. Ese mismo titular volvió a publicarse, casi idéntico, ocho horas más tarde, la madrugada del 31 de julio, como si repetirlo lo hiciera más cierto. En ningún momento se acompañó de un enlace a la sentencia, ni de una fuente oficial que la confirmara.

No todo el mundo se lo tragó igual. Esa misma noche del 30 de julio, un usuario intentaba poner algo de rigor en la conversación: explicaba que, en realidad, no pueden deportar a todo el mundo, “especialmente a los menores, porque firmaron un acuerdo de la Unión Europea que impide devolver a los menores”, y que los adultos mayores de edad sí podrían ser deportados —matizando, de paso, que “hasta ahora no hay ninguna noticia oficial del gobierno español” que respalde nada de aquello—. Horas después, otro usuario respondía con un cinismo casi resignado: al final, decía, todo el mundo termina deportado a Marruecos.

Ese mismo día circulaba también una advertencia de otro tipo, que sin nombrar la sentencia retrataba el mismo fenómeno desde otro ángulo: alguien alertaba de cuentas —posiblemente argelinas, o de personas que se hacían pasar por marroquíes— que publicaban contenido diseñado para incitar al asalto de Ceuta y Melilla, con la sospecha de que algunas de esas cuentas estarían sobre el terreno, entre los propios harraga, para sabotear e incriminar. El bulo de la sentencia, con su promesa de impunidad legal para quien llegara a nado, encajaba perfectamente en ese tipo de contenido diseñado para empujar a cruzar.

Lo más curioso es que la supuesta sentencia terminó saltando de los grupos de Facebook a la política española real. El 1 de agosto, una publicación recogía que el presidente del Partido Popular había acusado al Gobierno de “negligente” por atribuir la crisis migratoria a la sentencia del Supremo y por no escuchar las advertencias del presidente de Ceuta. Ya no era solo un rumor circulando entre quienes querían cruzar: para entonces, la existencia de una sentencia del Supremo vinculada a la crisis formaba parte del debate político nacional, con el PP usándola como munición contra el Gobierno, sin que el dataset analizado permita saber qué decía exactamente ese fallo ni si su alcance real coincidía con lo que se había estado contando en los grupos de Facebook.

Y esa misma noche, el rumor volvió a aparecer una última vez, ahora para explicar una decisión muy concreta del Gobierno español. Cuando se conoció que España instalaba una barrera flotante de 500 metros frente a Ceuta, alguien comentaba: “ese cerco se puede saltar con facilidad, pero su objetivo es sortear la decisión del Tribunal Supremo, que rechaza el regreso de quien llegó a nado. Y lo dijo el propio presidente cuando visitó Ceuta.” Fuera cierto o no ese detalle final —el dataset no conserva ninguna declaración textual que lo confirme—, la lógica que proponía el comentario era clara: si la ley impide devolver a quien ya ha llegado a nado, la única forma de contener la crisis es impedir que lleguen a tocar tierra. La supuesta sentencia, real o exagerada, se había convertido en la explicación con la que unos y otros —quienes empujaban a cruzar y quienes debían impedirlo— entendían lo que estaba pasando.

Esa misma noche, la cuenta de las víctimas empezaba a moverse con una velocidad inquietante. A las 20:47, tres páginas distintas publicaban al mismo tiempo un texto idéntico: cuatro cadáveres habían salido del mar en 24 horas, cuatro casas se habían quedado vacías, “esto es el verdadero terrorismo que mata a nuestros hijos cada día”. A las 23:09, otra publicación —también replicada en dos páginas— informaba de que la Guardia Civil había sacado dos cadáveres más de las aguas frente a Ceuta esa misma jornada, lo que, según el texto, elevaba a 29 el número de migrantes fallecidos en lo que iba de año. Antes de la medianoche, un último titular cerraba el día: más de 1.500 migrantes habían llegado a Ceuta a nado en solo una semana, y 400 de ellos dormían en un campamento improvisado fuera del centro de detención temporal, que ya no daba abasto.

30 de julio: el día del rumor y de las 250 personas

Si el 29 de julio fue el día en que Ceuta reconoció la emergencia, el 30 fue el día en que la ciudad perdió, durante unas horas, el control del relato. A la 1:22 del mediodía, tres páginas de Facebook completamente distintas publicaron, con segundos de diferencia, la misma pregunta: “¿Es verdad que hoy se va a abrir la puerta de Ceuta para todos a las diez de la noche?”

No hay manera de saber, a partir del dataset, quién inventó ese rumor ni si alguna vez existió una fuente real detrás de él. Lo que sí se puede reconstruir es su efecto. Media hora después, otra publicación describía cómo, “hace hora y media, unas 250 personas escaparon del control de la Guardia Civil española y cruzaron por el paso de Tarajal. Enhorabuena.” A media tarde, un titular hablaba de “cientos de niños marroquíes” rompiendo el paso de Tarajal “ante el asombro de las autoridades españolas”. Poco después, una imagen circulaba con una descripción escueta y dura: una mujer había entrado con su bebé recién nacido en brazos.

A las 18:20, el titular ya no hablaba de decenas ni de cientos: “Miles entran a Ceuta tras la apertura del portón.” Media hora más tarde, una página ceutí —Amigos de Ceuta— confirmaba desde el otro lado del relato que aquella no era una jornada cualquiera: “miles de personas han intentado alcanzar Ceuta bordeando el espigón del Tarajal en una de las jornadas más críticas que recuerda la ciudad”, con siete fallecidos más que sumar a la cuenta. Esa misma noche, mientras un joven cargaba a su madre a la espalda entre las olas en una imagen que se hizo viral, la página Qué está pasando en Ceuta anunciaba la última hora del día: el presidente del Gobierno viajaría a Ceuta el viernes siguiente ante la gravedad de la crisis.

A las 22:26, alguien en الفنيدق trató de poner un poco de orden en el caos informativo de esa jornada, publicando lo que equivale a una nota de rectificación ciudadana: esa mañana, explicaba, habían circulado rumores de que las autoridades iban a abrir la puerta de la frontera, que quien entrara sería bienvenido, que incluso habría un médico y una ambulancia esperando a quien se hiciera daño, y que España necesitaba mano de obra. El propio autor del mensaje reconocía que aquello había generado “un gran debate” sin que nadie supiera, a esas alturas, qué parte era cierta. Y no fue un rumor aislado: durante toda esa jornada, y de forma más dispersa los días anteriores y posteriores, decenas de mensajes sueltos preguntaban lo mismo una y otra vez —“¿sigue abierta?”, “¿ya la cerraron?”— sin que ninguno aportara jamás una fuente verificable. No fue una mentira puntual, sino un ruido de fondo permanente sobre el estado de la frontera que acompañó a la crisis entera.

Ese mismo ruido de fondo producía, días antes y después, una variante más específica y más perversa del bulo: la idea de que el cruce dependía de tener estudios. El 27 de julio, alguien en الفنيدق aseguraba que “al que llega, si le dan algún diploma, lo ponen a trabajar; al que no tiene, lo devuelven a su país” —un comentario de respuesta se burlaba de la idea: “dale una tarjeta sanitaria de pobre y te reciben mejor, hasta de doctor te hacen trabajar, ja”—, señal de que ni los propios lectores del grupo se creían del todo el rumor. Tres días después circulaba la versión exactamente contraria: que habían deportado a España a quienes habían entrado a Ceuta con certificados de construcción, electricidad y otros oficios. Diploma que salva o diploma que condena, según el día y la publicación: ninguna de las dos versiones aportaba nunca una fuente oficial, y ambas convivían sin que nadie pareciera notar la contradicción.

31 de julio: 49.000 personas en 24 horas

El 31 de julio empezó con fuego en Beni Ansar —vehículos oficiales del Bajá y de la comuna incendiados por jóvenes migrantes, según una publicación de madrugada— y con la situación “fuera de control” en el paso fronterizo de esa localidad, cerca de Melilla. Pero el dato que definiría la jornada, y probablemente toda la crisis, llegó a las 11:31 de la mañana: una publicación citaba a la agencia Reuters, que a su vez citaba al Ministerio del Interior español, para dar una cifra que parecía sacada de otra escala de magnitud: cerca de 49.000 migrantes habrían cruzado de Marruecos a Ceuta en solo 24 horas, por mar y por tierra, “un hecho sin precedentes”.

Esa cifra —si el dato circulado en redes reflejaba con precisión lo que había dicho realmente el ministerio, algo que este reportaje no puede verificar de forma independiente— convertía lo ocurrido en Ceuta en algo completamente distinto a una avalancha migratoria puntual. A las dos de la tarde, el presidente de la Ciudad, Juan Vivas, según recogía la página Amigos de Ceuta, reclamaba una respuesta “enérgica, decidida e inmediata” y calificaba la situación de “absolutamente insostenible”, pidiendo el respaldo de toda Europa. Ese mismo día, la misma página recogía la reacción del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que calificaba la entrada masiva de migrantes de “violación de la integridad territorial” y prometía emplear todos los recursos del Estado para recuperar la normalidad —la postura contraria, conviene subrayarlo, a la de quien facilita o promueve un cruce masivo. En todo el dataset analizado no aparece ninguna publicación que atribuya a Sánchez una orden o decisión de abrir la frontera: las menciones que sí lo nombran, aparte de esa declaración, son en su mayoría comentarios de crítica política (“invasión consentida por el gobierno de Sánchez”) o, ya el 1 de agosto, un titular sobre una polémica “playlist” suya que coincidía con críticas de varios países europeos y la petición de un Consejo extraordinario de la UE, sin que el dataset conserve el contenido de ese vídeo.

Mientras tanto, sobre el terreno, una asociación llamada Agrevice Ceuta llevaba desde primera hora repartiendo agua en garrafas a “chicos inmigrantes que llevaban más de 24 horas sin beber”. En el mismo texto, la asociación lanzaba una de las cifras más dramáticas —y más difíciles de verificar— de toda la crisis: hablaban de 41 muertos en el mar, personas que, decían, habían salido de Marruecos “con una gran mentira que se quedó en la orilla flotando”. Pocas horas después, otra publicación elevaba la cifra de fallecidos a 34 solo en las últimas 24 horas —treinta y cuatro cadáveres, treinta y cuatro casas vacías—, cifra que se repetía, casi como un eslogan de indignación, en varias páginas a la vez. Por la tarde, otra publicación cerraba el año trágico con una cifra distinta y mayor: 87 personas habrían muerto en 2026 intentando entrar a Ceuta desde Marruecos.

Ninguna de esas cifras —4, 29, 34, 41 u 87— procede de la misma fuente ni del mismo momento. Se fueron acumulando, publicación tras publicación, sin que en ningún momento apareciera un recuento oficial único que las conciliara. Es uno de los rasgos más llamativos de cómo se vivió la crisis en redes: los muertos se contaban varias veces, por varias personas, con varios métodos, y ninguna cifra desmentía del todo a la anterior.

Esa misma tarde, la crisis empezó también a teñirse de política y de tragedia con nombre propio. La Junta de Portavoces de la Asamblea de Ceuta pedía al Gobierno el cierre de la frontera del Tarajal. El líder del PP calificaba lo ocurrido de “crisis de soberanía”, no de problema migratorio. La gravísima situación obligaba a suspender la Feria de Ceuta. Y una publicación, replicada en dos páginas, informaba de que la futbolista Faten Ben Omar, del Moghreb Tetuán, había muerto intentando cruzar a nado hacia la ciudad. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, visitaba Ceuta esa misma jornada, según recogían varias publicaciones ceutíes con un punto de sarcasmo: “Marlaska en el parador de Ceuta, a por él.”

1 de agosto: la marea baja

El último día que cubre este reportaje empezó con una imagen inversa a la de los días anteriores: restaurantes y cafeterías de Fnideq y M’diq desbordados, no por gente que se preparaba para cruzar, sino por “el retorno masivo de decenas de miles de ciudadanos y jóvenes marroquíes” que volvían de Ceuta. A media mañana, miembros de la Liga Marroquí de Defensa de los Derechos Humanos visitaban sobre el terreno el paso de Bab Sebta para dar seguimiento a la situación humanitaria.

A media tarde llegó la primera cifra que sí tenía un origen oficial claro y verificable dentro del propio corpus: el ministro Grande-Marlaska anunciaba que el número de fallecidos en la crisis del cruce a Ceuta ascendía a 67. Minutos después, el mismo ministerio ofrecía el dato que, en cierto modo, cerraba el círculo de la semana: de los cerca de 50.000 migrantes que habían entrado de forma irregular en Ceuta desde el inicio de la crisis, más de 48.000 habían regresado ya, voluntariamente, a Marruecos. Menos de 2.000 personas seguían dentro de la ciudad.

Esa misma noche, una publicación describía la última pieza del dispositivo de contención: España instalaba un cerco flotante de 500 metros frente a las costas de Ceuta, conectado a la valla terrestre con cámaras y concertinas, patrullado permanentemente por la Guardia Civil, “tras una ola de cruce masivo sin precedentes.”

Entre medias, la crisis dejó también su ración de política exterior. El ministro de Exteriores marroquí, Naser Bourita, declaraba —según recogía una publicación citada en varias páginas— que Marruecos “no está obligado a vigilar las fronteras ajenas” y que lo que se llama frontera de Ceuta “Marruecos no la considera una frontera internacional con España.” Y, en el terreno más incómodo de todos, empezaron a circular denuncias de agresiones dentro de la ciudad: pisos ocupados, decenas de peleas entre migrantes y comercios que habían tenido que blindarse durante la noche, y videos señalando a supuestos agresores marroquíes residentes en Ceuta que, según los mensajes que circulaban, atacaban a los recién llegados.

Dos orillas, dos versiones de las fuerzas del orden

Nada retrata mejor la naturaleza contradictoria de esta crisis que la forma en que los propios protagonistas describieron a quienes debían contenerla. Y aquí conviene precisar una cosa: lo que sigue son solo las voces marroquíes, las de quienes cruzaban o lo intentaban, no las de las páginas ceutíes en español, que tienen su propio relato y sus propias quejas hacia sus fuerzas de seguridad.

Sobre la Guardia Civil, el retrato que dejan los comentarios en darija es sorprendentemente matizado. El 29 de julio, alguien explicaba en un grupo de Fnideq una especie de regla no escrita: si te agarra la Guardia Civil siendo menor, te dejan entrar a Ceuta; si te agarra la marina marroquí, te dejan tirado en cualquier desierto o ciudad, da igual dónde. Al día siguiente, otro grupo recogía —citándola como si fuera un dato oficial, aunque el dataset no permite verificar la fuente primaria— una estimación de la propia Policía española: unas 12.000 personas habrían cruzado hasta ese momento. Y el testimonio más elaborado de todos, publicado el 1 de agosto, cuenta cómo el año anterior su autor cruzó a nado y fue la marina española quien lo recogió del mar, le dio agua y comida y, al saber que sufría una dolencia de próstata, lo ingresó dos días en un hospital antes de dejarlo en libertad “bien”. La misma persona usaba ese recuerdo para denunciar, por contraste, un vídeo que decía haber visto de un militar marroquí agrediendo a otro migrante, y pedía que se llevara ante el fiscal del rey.

Sobre “el majzén” —así llaman, coloquialmente y sin precisar de qué cuerpo se trata, al aparato de autoridad marroquí— el relato es mucho más agitado y, sobre todo, contradictorio consigo mismo en cuestión de horas. A primera hora del 30 de julio alguien preguntaba, casi con sorna, dónde estaba el majzén mientras cientos de personas cruzaban sin control aparente. Horas después, el tono cambiaba por completo: se hablaba de pedradas, de un coche del majzén incendiado, de una seguridad “hecha ruina” en Tetuán, “como una guerra”. Un comentario acusaba directamente al majzén de matar y luego “ir al funeral”. Otro, la misma mañana del 31 de julio, describía cómo el majzén había entrado “en masa” y había empezado a agredir a la gente. Y sin embargo, apenas unas horas más tarde, el primer día de agosto, otro comentario aseguraba justo lo contrario: que el majzén tenía instrucciones de dejar salir a la gente. Esa misma tarde, alguien contaba que lo habían sacado de Ceuta a golpes entre guardias ceutíes y el majzén marroquí, y que había pasado dos noches durmiendo en la calle de Fnideq sin comer.

Ninguna de esas descripciones del majzén encaja del todo con la anterior. Pasividad, represión activa y orden de dejar pasar, todo dentro de un margen de 48 horas, sin que ninguno de esos comentarios cite una fuente oficial que lo respalde. Es, quizás, el reflejo más honesto de cómo se vivió la crisis desde el lado marroquí: nadie tenía la foto completa, y cada uno describía solo lo que veía desde su ventana.

Lo que queda después de la ola

Para cuando terminó el 1 de agosto, el dataset analizado ya mostraba algo que sonaba a advertencia: publicaciones preguntando si el próximo objetivo sería el 15 de agosto, “¿Ceuta o Melilla?” La convocatoria lanzada el 28 de julio —antes incluso de que estallara la crisis que aquí se relata— seguía viva en los mismos grupos de Facebook que habían narrado, en tiempo real, la travesía, la espera, los muertos y el retorno de decenas de miles de personas.

Lo que este análisis no puede hacer es certificar cuántas de esas cifras —29, 34, 41, 67, 87 muertos; 49.000, 50.000, 60.000 personas cruzando— son exactas. Proceden de publicaciones ciudadanas, de páginas activistas y, en algunos casos, de declaraciones ministeriales citadas de segunda mano. Lo que sí puede certificar es que, durante siete días, miles de personas a ambos lados de la frontera —las que empujaban para cruzar y las que documentaban desde Ceuta lo que veían llegar— narraron en tiempo real, con sus propios teléfonos, una crisis que ni las cifras oficiales ni los rumores lograron nunca contar del todo.

Nota metodológica

Este reportaje se basa en el análisis de publicaciones y comentarios de Facebook recogidos en el v, centrado en páginas y grupos marroquíes y ceutíes activos entre el 24 de julio y el 1 de agosto de 2026. Todas las cifras y citas atribuidas a fuentes oficiales (Ministerio del Interior español, Reuters, declaraciones de Naser Bourita, etc.) proceden de cómo fueron reportadas en esas publicaciones, no de una verificación directa de las fuentes primarias, que quedan fuera del alcance de este dataset. Cuando dos cifras sobre un mismo hecho no coinciden, se han presentado ambas por separado, sin promediarlas ni elegir una sobre la otra.


38.131 = posts + comentarios + respuestas.

9 días = ventana analizada, 24 de julio al 1 de agosto (núcleo real: 29-31 de julio).

1.858 = registros que pasaron un estricto de relevancia (mención explícita a Ceuta, Melilla, Fnideq, Tarajal, Beni Ansar, etc.), descartando ruido de otras rutas migratorias.

+50 grupos = páginas de Facebook distintas, marroquíes y ceutíes, de donde sale ese contenido.

2 bulos = el de la «sentencia del Tribunal Supremo» y el de la «apertura de frontera a las 22h», ambos rastreados desde su primer post hasta su uso como justificación

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