Las otras víctimas olvidadas del terrorismo

por | 22 octubre, 2013

 

Mi madre recibió ayer noche una llamada muy tarde. Una voz de mujer le pidió que la recogieran y poder pasar la noche con ella. No dudó.

Mi madre cuando tenía 16 años vino a Madrid a servir. Siempre se dijo así : a servir. No a trabajar, no a ayudar. A servir. Se colocó en una buena casa con una buena gente. Colocó, no la contrataron o empezó a trabajar. Se decía así también. Durante esos años crió a 6 niños hasta que ella misma se casó y tuvo los suyos propios. Nunca hizo diferencia ostensible entre unos u otros. Uno de ellos se llamaba Carlos. Un chico muy guapo y muy listo, eso siempre dice mi madre. Y muy bueno. Carlos quería ser médico. Mi madre contaba como siempre venía con un esqueleto de juguete y le contaba que este o aquel eran tales huesos, y para que servían.

El 28 de Septiembre de 1976 mi madre recibió otra llamada. A Carlos le habían disparado en un portal cuando volvía a su casa. Una manifestación de algo acabó con un grupo de pistoleros de extrema derecha buscando sangre. Carlos se cruzó con ella y se refugió en un portal. Entraron detrás de él varios tipos y abrieron fuego. Se llevaron la vida de Carlos y destrozaron una familia.

Después de eso nada fue igual. Sus padres no buscaron venganza sino justicia. No la encontraron nunca. Lo enterraron en la más estricta intimidad y hasta el día de hoy lo lloran así. No fue hasta 2006 cuando Carlos, la primera víctima en una manifestación en Madrid, fue reconocida por nuestro gobierno como una víctima del terrorismo. Hasta ese entonces los gobiernos anteriores dijeron que lo había asesinado una banda armada, no terroristas. Le concedieron una medalla a título póstumo. Su madre, la “jefa” de mi madre, como ella dice, tuvo que batallar todos esos años para conseguir que llamaran las cosas por su nombre. Al menos eso.

Ayer vi mucha gente hablando de víctimas y verdugos del terrorismo. Mi madre no. Fue a recoger a la hermana de Carlos a las 12 de la noche. Otra hermana de los 6 que crió se muere de cáncer y ella, Jesu se llama, acudió al mismo regazo donde Carlos y sus hermanos se refugiaron siempre, el de mi madre. Hablaron de lo dura que es la vida.

Los asesinos de Carlos nunca fueron identificados, ni detenidos. La vida es muy injusta, pero nosotros los somos mucho más. Me acordé de la frase de “Sin perdón” : “Cuando matas a alguien no sólo le quitas todo lo que tiene, sino también lo que podría llegar a tener”.

Quizás cuando olvidamos ocurre lo mismo

Saludos

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