Marcial y el Walkman

por | 13 febrero, 2013

Mi abuelo Marcial vivía en Asturias. En una aldea llamada Andés, cerca de Navia, en la costa occidental. Un sitio increíble. Verde y Azul. Como solo Asturias puede ser. Mi abuelo se pasó la vida trabajando muy duro. Cortaba “ganza”, es decir, limpiaba el monte de “foleto”, helechos . Y afilaba las hojas de las guadañas que se empleaban en ese trabajo. Mi abuelo era muy hábil, aunque no sabía apenas leer y escribir.

En esos tiempos reinaba la radio, y las televisiones brillaban por su ausencia. Así como el agua corriente. No hablo de hace siglos. Hablo de apenas 30 años. Eso hacia mi abuelo, trabajar.

Pero mi abuelo era un tipo curioso, y muy inteligente. Extremadamente sociable y muy buena persona. Hace muchos años, recién salidos del horno, me compre un walkman. Lo lleve de vacaciones y muchas veces me sentaba con mi abuelo a echar un pitillo en un banco que teníamos en frente de la casa, en medio de un prado. Mi abuelo ese verano estaba raro. Me miraba, y movía la cabeza de un lado a otro cuando me ponía los cascos de aquel walkman.

Esa tarde le pregunté porque lo hacía.

“¡Ay, Neno!, ¡no sé porque andas con esa cosa todo el día, si no funciona esa radio!”. Esa fue su respuesta.

Yo no me reí. Me quite los cascos, y se los ajusté en sus oídos.

La cara que puso de asombro, y la sonrisa que nos iluminó es de los recuerdos que aun tengo de él muy grabado. Algunas veces me pidió el walkman para escuchar algo, y siempre se reía. Esta historia que algunos les parecerá aburrida  y absurda, a mi me dice mucho sobre aspectos que conforman la actitud de uno frente a cosas como la brecha digital, la comunicación, el respeto, el conocimiento y de qué va esto de los blogs.

Supongo que a él le hubiera encantado saber que a veces pasar muchas horas delante de una pantalla moviendo los dedos sirve para algo más que para hacer negocios.

Y a mi, mostrárselo.

Lo demás me sigue importando poco

Un pensamiento en “Marcial y el Walkman

  1. Javier

    Las noches de verano en el pueblo, siempre terminaban con un tazón de leche junta al fuego y mi abuelo contando “historias”, eran sólo historias de su vida, del pueblo, de los animales… Era otra forma de contar historias que siempre llevaré grabadas.

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