Nacionalismos

por | 3 octubre, 2017
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Buenas

Iba a escribir sobre nacionalismos pero me veo incapaz. No puedo sentir lo que los demás quieren ser, y no soy quien para juzgarlo, pero si me lo permiten  puedo decirles algunas cosas sobre lo que yo sí siento:

La tela que más me gusta es la que se quitan las señoras por gusto cuando están con uno. Los colores me dan lo mismo. No entiendo la pasión por las banderas. Las fronteras las odio a muerte. Todo lo que nos separa como humanos. Tanto como tener que pedir permiso para poder pasear y contemplar la belleza del mundo. Mucho más que me digan dónde puedo ir y dónde no.

También cuando me encuentro a gusto no suelo mirar los topónimos, si no el paisaje. Y respirar hondo. Sin preguntar de quien es este aire. La cultura, venga de donde venga, me atrae, sin más. Con codicia. Porque entiendo que cuando más tenga uno y más conoce la de los demás, más inmensamente rico se vuelve, y sobre todo, tolerante. Las lenguas y los idiomas, en cambio, me causan una gran envidia. Me gustaría tener muchos más y no ser tan torpe para aprenderlos. Nunca miré a nadie que usara otra lengua por encima del hombro, si no con curiosidad por aprender y entender. Y siempre agradecí que si mis interlocutores eran más afortunados y considerados me ayudaran a comunicarme con ellos. Sin pensar que algo que uno aprendió de sus padres, y ellos de los suyos, por un accidente del azar y geográfico, sirviera para otra cosa que entenderse. Cuándo alguien necesitó algo no miré de dónde venía. Cuándo alguien pidió ayuda no atendí más que su necesidad. Cuándo alguien quería ir a algún sitio le animé a hacerlo, y si yo no lo conocía y él sí, le preguntaba por cómo era. No creo que sea nadie para decir a donde debe dirigir uno sus pasos. Yo en todos mis años no he conseguido saberlo.

A la hora de trabajar tuve suerte. Mis labores me hacen hablar con gentes muy diferentes que están en más de 100 países. Nunca fue un problema para ellos ni para mi. Simplemente arrimamos el hombro hacia el mismo sitio y nos alegramos cuando las cosas salían bien y nos esforzábamos cuando no. A mi hija siempre la animo a que aprenda idiomas, respete las diferencias y contemple el mundo con los ojos muy abiertos. Que huya de los intolerantes, de los que no dudan, de los que no respetan y de los que se dirigen siempre a los del pueblo de al lado con menosprecio. A mis padres decirles que lamento profundamente que con tanto trabajado y tanto sacrificio dependan de una renta tan indecente y de que les tengan que ayudar a llegar a fin de mes. Para ellos no hay libertad, ni bandera, ni embajada.

Yo no se de derechos adquiridos por nacimiento. Se de trabajo, y ganar las cosas en base a un enorme esfuerzo.

No se de nacionalismos y si me preguntan les diré que siempre preferí intentar ser mejor persona, o al menos intentarlo. Por eso prefiero no hablarles de ello.  Nacionalismos, digo.

Así veo las cosas.

Saludos.

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