En este país comemos de todo, y se nota en las digestiones que hacemos.
Comemos tarjetas negras, fianzas millonarias que pagamos todos, herencias recibidas y herencias en Suiza. La Casta y la Susana. Acusar a alguien de etarra que es libertad de expresión. Presupuestos irrealistas y deudas públicas que pagarán nuestros nietos. Curaciones milagrosas visto los medios. Desmantelamientos de sanidad pública y privatizaciones a los que salimos corriendo pidiendo ayuda sin acordarnos de los palos que les han dado. Búsquedas de petróleo o de gas con terremotos que acaban con indemnizaciones a los que buscaban forrarse y lo consiguen. Señores que se hacen fotos con todo el mundo, y enseñando una polaroid hacen negocios y acaban de concursantes en la TV. Gobiernos llenos de imputados que se sientan en consejos de administración y abrir periódicos o encender la televisión esperando siempre lo peor.
Y sin embargo hoy de lo más que he oído hablar ha sido de un reality de personas en pelotas y con el cerebro traslúcido. Y sin bicarbonato, oiga. Sin bicarbonato.